El viaje de la reproducción asistida: un camino de luces y sombras
Entre la esperanza y la incertidumbre, la ilusión y el miedo: un trayecto lleno de curvas, paradas inesperadas y horizontes por descubrir.
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Hay deseos que ocupan un lugar muy profundo dentro de nosotros. El deseo de formar una familia, de tener un hijo o una hija, puede ser uno de ellos.
Cuando este deseo no llega de la manera que habíamos imaginado y entramos en un proceso de reproducción asistida, muchas cosas pueden cambiar. Aquello que quizá había comenzado como una aventura ilusionante puede quedar rodeado de pruebas, visitas médicas, tratamientos, calendarios, esperas y resultados.
Y en medio de todo ello, hay una parte del proceso que a veces queda en un segundo plano: nuestras emociones. Pueden aparecer la esperanza, la ilusión, el miedo, la incertidumbre, la frustración o el cansancio. Emociones que pueden ir cambiando a lo largo del proceso y que, a veces, no son fáciles de entender ni de sostener.
Cuando el deseo se encuentra con la realidad
Quizá durante mucho tiempo habías imaginado cómo sería formar una familia. Quizá pensabas que, cuando llegara el momento, simplemente pasaría. Y quizá no habías imaginado que necesitarías pruebas, tratamientos o ayuda médica para hacer realidad este deseo.
Cuando la realidad es diferente de la que habíamos imaginado, pueden aparecer muchas preguntas. ¿Por qué nos está pasando esto? ¿Cuánto tiempo durará? ¿Lo conseguiremos? ¿Qué pasará si este tratamiento no funciona?
No siempre es fácil encontrar respuestas. La reproducción asistida nos pone ante una realidad compleja. Hay decisiones que podemos tomar, pero también muchos factores que no podemos controlar. Podemos seguir las indicaciones médicas, acudir a las visitas y hacer todo aquello que está en nuestras manos, pero el resultado final sigue siendo incierto.
Esta falta de control puede generar mucha angustia. Y también puede hacer que, sin darnos cuenta, sintamos que necesitamos hacer algo más, encontrar qué estamos haciendo mal o descubrir qué podríamos cambiar para que esta vez funcione.
Pero no todo depende de nosotros. Y aceptarlo puede ser una de las partes más difíciles del proceso.
Cuando la vida queda en espera
A veces, el proceso de reproducción asistida puede hacer que sintamos que la vida queda un poco en pausa.
Hacemos planes teniendo en cuenta visitas, tratamientos o posibles resultados. Hay momentos en los que cuesta pensar más allá de la próxima fecha. Pero, mientras esperamos, la vida continúa.
Cuando las emociones entran en juego
A lo largo del proceso pueden aparecer muchas emociones diferentes: ilusión, esperanza, miedo, tristeza, frustración, rabia, cansancio...
A veces pueden cambiar de un día para otro, o incluso convivir en un mismo momento. Podemos sentirnos esperanzados y tener miedo a la vez. Ilusionarnos y, al mismo tiempo, intentar protegernos de una posible decepción. No siempre es fácil entender todo lo que sentimos. Y no es necesario que lo sea.
Todas estas emociones forman parte del camino y merecen tener un espacio.
Cuando el resultado no es el que esperábamos
Es importante darnos permiso para sentir lo que necesitamos sentir, sobre todo cuando nuestras expectativas no se cumplen.
No hay una manera correcta de vivir estos momentos, ni unas emociones que deberíamos sentir por encima de otras.
Cuando el entorno no puede sostener
Cuando vivimos un proceso de reproducción asistida, también puede cambiar la manera en que nos relacionamos con las personas que tenemos a nuestro alrededor.
Quizá hay personas que nos acompañan y saben escucharnos. Pero también puede pasar que no encontremos las palabras que necesitamos, que sintamos que los demás no acaban de entender lo que estamos viviendo o que, con la mejor de las intenciones, nos digan cosas que nos hacen sentir todavía más solas.
Cuando el proceso se vive en pareja, también puede ser difícil sostenernos mutuamente. Ambos podemos estar viviendo emociones intensas, pero no necesariamente en el mismo momento ni de la misma manera.
Y esto puede hacer que, a veces, sea difícil encontrarnos, entendernos o sentirnos acompañados. No porque no haya amor o porque no queramos cuidarnos, sino porque sostener al otro también es difícil cuando nosotros mismos estamos intentando gestionar todo lo que estamos viviendo.
Cuando el camino se hace demasiado difícil
Hay momentos en los que el proceso pesa más de lo que habíamos imaginado. Cuando el cansancio, la incertidumbre o las decepciones se acumulan, puede ser difícil seguir sosteniéndolo todo. No es necesario poder con todo ni ser fuertes durante todo el camino. Darnos permiso para parar, expresar lo que sentimos y pedir ayuda también es una manera de cuidarnos.
Como psicóloga perinatal, puedo acompañarte en este proceso, ofreciéndote un espacio seguro donde poder poner palabras a lo que estás viviendo, entender tus emociones y encontrar recursos para transitar este camino con más apoyo. Porque, aunque no podamos controlar el resultado, sí podemos cuidar cómo vivimos el proceso. Si lo necesitas, aquí tienes mi formulario de contacto.